FANFIC. La muerte es ..., lo que es.

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CID
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FANFIC. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Vie, 17 Abr 2015, 11:57

Como tenemos tiempo hasta el estreno de la 2ª temporada, aquí va mi idea de lo que seria un "guión". Falta todavía para terminarlo, si alguien se anima, a tiempo esta.

En el ministerio, se da la voz de alarma de que Bellido Dolfos, va a ser asesinado antes del 7 de octubre de 1072 y por consiguiente no será él quien asesine a Sancho II el Fuerte.

Mientras tanto, Alonso de Entrerrios, está sentado delante del televisor con unos ojos que parece como si se hubiera comido un tripi, todo asombrado, lleva vista la famosa película de Terminator cinco veces, en otro lugar, vemos a Amelia y a Julián durmiendo juntos, ella, con los ojos medio entre abiertos, tiene cogidas las manos de Julián que las tiene a la altura del pecho de ella, él, parece que está durmiendo plácidamente.

De repente, empiezan a sonar tres teléfonos móviles, el de Alonso que todavía sigue asombrado ante la película que esta viendo, el de Amelia que esta disfrutando de lo acontecido y de Julián que duerme plácidamente. A los pocos minutos, ya están en pie y aparecen por la puerta del ministerio comentando Alonso la película de Terminator a Julían.

- [ Alonso ] ¿tu has visto a esa maquina, a ese hombre de acero? En mis tiempos, con uno de esos, ninguno enemigo de España le haría frente.
- [ Julián ] jaja, pues no te queda a nada que aprender “Alatriste”.
- [ Julián ] ( Piensa para si mismo ) Si viera Titanic, ni montaría en las barcas del retiro.
- [ Amelia ] hombres … ( resopla mientras tanto ).
- [ Irene ] Jefe, ya están aquí estos. ( mientras observa a Alonso como si hubiera visto un fantasma )

- [ Salvador ] Vamos al grano, deberán de ir a 1072, les espera el abad Dom Roberto, el será vuestro enlace.
- [ Julián y Alonso ] ¿ Que se nos ha perdido ahora allí?.

Salvador, mientras señala la zona de Zamora, dice:
- [ Salvador ] Tienen que ir a Zamora, al dia 21 de Septiembre de 1072, van ustedes a una semana justa antes de que el rey Sancho II El Fuerte sea asesinado por Bellido Dolfos. Van a ser los “guardaespaldas” de Bellido hasta el dia 7 de octubre que es cuando asesinara al rey Sancho.

- [ Julián ] Manda cojones que tengamos que ser los niñeros de un traidor a la corona castellana, por una vez y sin que sirva de precedente, creo que Alatriste y yo estaremos de acuerdo. ( comenta mientras dirige su mirada a Alonso de Entrerrios ).

Julián va comentando lo que el otro día escuchaba en aquel bar donde se reunía con Maite su mujer, un grupo de chicos, en una mesa escuchaban atentamente a un chico calvo el cual hacían llamar Cid Delgado, este chico, relataba las vivencias del caballero Rodrigo Díaz de Vivar.

- [ Salvador ] Pues me temo Julián, que tendréis que proteger al menos durante unos días a Bellido Dolfos hasta que esté, dé muerte a Sancho II, para que la historia transcurra como tiene que ser. Recordad que ante todo estamos para que no cambie la historia y si muriese Bellidos antes de lo previsto, a saber como estaría la historia en la actualidad.

( Continuara .... )
Última edición por CID el Jue, 14 May 2015, 08:02, editado 2 veces en total.
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CID
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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Dom, 19 Abr 2015, 06:06

( Continuación )

Irene se queda mirando detenidamente a Amelia, hoy ha estado algo callada, algo inhabitual en ella. - ¿ En que estará pesando esta muchacha ? Piensa para si misma sin dejar de observarla detenidamente.

Ernesto coge el teléfono y marca la extensión #654#. – ¡Tened preparados los trajes para el siglo XI, dos de caballeros y uno de novicia ! – Comenta mientras pone una de sus manos en el yelmo corintio que tiene Salvador encima de una mesa.

A los pocos minutos, vemos a la patrulla con los trajes de época, Amelia vestida de arriba abajo con los hábitos típicos de una novicia del siglo XI, Alonso y Julián ataviados con una sobrevesta que les llegaba casi hasta las rodillas, los colores de ambos son claros.

Mientras van llegando a la puerta XI, Irene le comenta a Amelia que ha estado callada todo el día, por otro lado, Julián le pregunta a Ernesto que a donde les lleva esa puerta, a lo que Ernesto sacando un pequeño plano de la época señala un pequeño monasterio a poco mas de una legua de Burgos.

- [ Ernesto ] En este pequeño monasterio os espera Dom Noberto, él os dará todo lo necesario hasta llegar a Zamora, desde aquí hasta allí hay aproximadamente unos 195 km en línea recta, para ti Alonso y como todavía no estas acostumbrado, calcula que son unas 40 leguas mas o menos.

Mientras tanto, un poco mas alejadas, Irene sigue preocupada por Amelia y justo antes de entrar, Irene sujeta la mano de Amelia cuando esta se dispone a abrirla.

- [ Irene ] Espera nena, me tienes preocupada, así que antes de entrar, dime que te ocurre.

Amelia se para y mirando para un lado y para otro lado, coge a Irene de la mano, se echan para atrás un momento a lo que contesta:

- [ Amelia ] Julián y yo llevamos varios días durmiendo.
Irene no sabe lo que decir, se queda con una cara embobada y tartamudeando … - ¿ Que me dices? – sin saber que decir.

A los pocos segundos llegan Alonso, Julián y Ernesto hablando, en ese momento Ernesto se para y da las ultimas instrucciones a la patrulla.

- [ Ernesto ] Alonso, se que va en contra de tus principios, pero debéis proteger provisionalmente a Bellido Dolfos, al menos hasta el día 7 de octubre, con que desaparezcáis de la escena un par de horas antes os vale, además, no es conveniente que os vean merodeando por allí, con que estéis cerca o infiltrados en las mesnadas del rey Sancho os valdrá.

Amelia abre la puerta XI y entra junto con el resto de la patrulla, a los pocos segundos salen por un tonel gigante de cerca de dos metros de diámetro, allí les espera Dom Roberto.

- [ Dom Noberto ] Buenas tardes chicos, os estaba esperando desde hacía un par de horas, como de costumbre, en el ministerio van con retraso, a ver si no se retrasan en darnos el sueldo para poder subsistir, que en estos tiempos en los que andamos, mal camino llevamos.

La patrulla saluda cortésmente besando la mano como se merece un abad de tan alta alcurnia como es Dom Norberto.

- [ Dom Norberto ] No hace falta que me beséis la mano, soy abad porque así me obligan, pero ni soy de creencias ni nada por el estilo.

A lo que riendo Alonso contesta … - Vamos Norberto, que te gustan mas las mujeres que a aun niño un chupete. – Mas o menos – comentaba el abad mientras les indicaba por donde debían ir.

- [ Amelia ] ¿Esta muy lejos Zamora desde aquí?
Comentaba Amelia mientras contemplaba aquel lugar que parecía ser una bodega de las de antaño, de esas de las que tanto había oído hablar a lo largo de su infancia, donde se hacían los buenos vinos que tanto le gustaba a su padre, vinos, que maduraban en barricas de roble y que tan peculiar gusto le daba al vino.

- [ Norberto ] Aproximadamente a poco mas de 40 leguas o lo que es lo mismo, poco mas de 190 km en línea recta, si no os torcéis en el camino, llegareis en unos pocos días, no tendréis perdida, siguiendo las indicaciones que yo os dé.

Alonso, mientras tanto contemplaba aquel viejo monasterio que a duras penas se mantenía en pie. El abad mientras charlaba con Amelia y con Julián, tenía tiempo para decir, que el monasterio se mantenía en pie de milagro, pero que ni con las ayudas del ministerio, al paso que iban duraría mucho y que en pocos años, tal vez incluso meses, tendrían que trasladarse a otro lugar por el estado casi avanzado de ruina y que con ello habría que cambiar la puerta de lugar.

( Continuara ... )
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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor tve » Lun, 20 Abr 2015, 16:42

Jajaj, CID, lo muevo al apartado de DOCUMENTACIÓN. Esto entra en la categoría de fanfic.

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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Lun, 20 Abr 2015, 17:18

la pena es que nadie se atreve a escribir una historia, yo si os parece, seguire con la historia.
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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor tve » Mar, 21 Abr 2015, 10:07

Claro.

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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Mar, 21 Abr 2015, 12:40

Julián no dejaba de mirar el traje que le habían dado en el ministerio, de arriba abajo se sentía extraño se sentía … - Parezco el capitán Trueno – comentaba mientras se reía por no decir “ Manda cojones “. Amelia en cambio está preocupada, aunque tenían tiempo de sobra, no sabía exactamente cuál era su función en esta misión, ¿Una novicia por estos lares?... – Si, me temo que esta vez en el ministerio no se han andado con rodeos -… Comento resoplando Norberto como adivinando lo que estuviera pensando Amelia en ese mismo momento.

- [ Norberto ] Señores …, y señorita, es fácil que encontréis por el camino al Cid.
En ese momento Alonso se puso recto mirando hacia el cielo y con cara muy seria como si hubiera recibido una orden.

- [ Norberto ] ¿Qué os pasa Alonso?

Preguntaba el Abad que tendría más o menos poco más de 45 años.

- [ Alonso ] Habéis nombrado al Cid, el caballero más grande que ha tenido la cristiandad castellana, el más grande, aquel que influyo en mi carrera militar
Comentaba Alonso sin dejar de mirar al cielo con un rostro tan serio que se podía cortar su seriedad con un cuchillo.

- [ Norberto ] Sigo pues entonces explicando lo que os tenía que explicar, que luego no quiero que Salvador me eche la bronca, si os cruzáis con él, decidle que sois familia mía, y que si os podéis unir a sus mesnadas durante unas cuantas leguas, van en la misma dirección que vosotros, pero se apartaran antes de llegar a la altura de Ampudia, por lo visto ha de hacer unas cosas en una villa que esta retirada de allí, y el camino correcto para ir es desviándose a la altura de Ampudia. No os preocupéis Alonso, que tiempo tendréis de charlar con Don Rodrigo.

- [ Julián ] ¿Tendremos algún problema por temas de batallas?

Preguntaba Julián a Norberto con temor a que esa fuera prácticamente su tumba, pues no le gustaba mucho viajar en el tiempo, pero …, era eso o acabar encerrado en un psiquiátrico.

- [ Norberto ] No os preocupéis que no tendréis problema alguno, nadie osara a meterse con vosotros y menos con las mesnadas del Cid, no creo ni que pasen 4 leguas desde que salgáis de aquí, cuando os encontréis con Don Rodrigo, si no estoy mal informado, no creo que lleve más de 100 hombres, pero cada hombre de los que van con Rodrigo vale por veinte, así que echad cuentas si sabes de matemáticas, además, al Cid le tienen mucho respeto y es querido en muchos lugares.

Mientras tanto Amelia seguía pensativa, callada y eso extrañaba a Julián que había dejado de atender a Norberto para centrarse en ella, mientras que Alonso, miraba la sobrevesta que llevaba, repasando su espada y su escudo. Orgulloso se sentía pues a pocas leguas se iba a encontrar al más grande de toda la cristiandad, aquel que moros y cristianos se empeñaron en llamar Cid Campeador o lo que es lo mismo Señor Batallador.

- [ Julián ] Amelia, ¿Te pasa algo?

Preguntaba en voz baja para no ser escuchado por Alonso y Norberto mientras hablaban un poco de donde debían de encontrarse con el Cid. Amelia sin saber que responder, se giro despacio y le comento.

- [ Amelia ] Siento lo que ocurrió la otra noche, yo … ( tartamudeaba ), no sé que me paso, lo tuyo paso hace ya tres años y se que todavía la amas con locura y yo ….
Alonso movió un poco los labios como formando una media sonrisa y cerrando ligeramente los ojos muy despacio, puso su dedo índice en los labios de la bella muchacha y le comento.

- [ Alonso ] Es cierto que amo con locura a mi esposa Maite, pero también es cierto que es una herida que hay que ir cerrando, si no la cierro nunca podre pasar página a esa parte de mi vida que sin darme cuenta, me está atormentando, pensar que yo “fui” el responsable alguna de la muerte de Maite.., hace que cada noche tenga pesadillas y en más de una ocasión me han entrado ganas de irme del Ministerio y acabar en un centro psiquiátrico, pero la vida sigue y nadie dijo que esto fuera un camino de baldosas amarillas como lo del mago de Oz.
Paso y punto, así que no le des más vueltas, ocurrió y ya esta.

Amelia, sin saber que decir, se quedo callada mientras que oia de fondo a Alonso como empezaba a dar las ordenes de montar a caballo pues debían de empezar a machar pronto para poder encontrarse a poco mas de 3 leguas de allí. A los escasos minutos la patrulla ya había montado a caballo.

- [ Norberto ] Tened cuidado patrulla y recordad que si os preguntan quienes sois, decid que sois familia mía, que sois hijos de unos primos de mi madre.
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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Jue, 23 Abr 2015, 16:42

La patrulla empezaba su viaje hacia tierras Zamoranas por el camino pedregoso indicado por Norberto, habiendo salido de allí, pasaron por un pequeño riachuelo, donde pararon para que bebieran un poco de agua los caballos y así aprovechar para ojear de nuevo el mapa, fue Alonso el único en bajarse para refrescarse un poco en aquel pequeño riachuelo, al poco tiempo de bajarse escucho decir a Julián:

- [ Julián ] A ver si encontramos al caballero este de las narices, que ya estoy hasta las narices de tanto montar a caballo, llevamos unas misiones, que no hago más que montar a caballo, me paso más tiempo sentado en un caballo que sentado en un taburete de la taberna.

Al oír esto Alonso, se acerco con furia a donde estaba situado Julián, lo cogió de la cintura y lo tiro con furia al suelo sacando de inmediato una daga y poniéndosela en el cuello:

- [ Alonso ] Tenga vuesa merced, de cuidar su lenguaje señor Julián al nombrar al mas gran héroe de la cristiandad, el Cid, no vaya a ser, que la próxima arma que tenga que sacar, sea la espada y lo próximo que salga por su boca, sea la sangre de mi espada clavada en su estomago.

Decía Alonso con furia y mirándole con unos ojos llenos de furia. Amelia, desde la montura de su caballo grito una sola palabra que prácticamente casi se podía oír a varias leguas de distancia.

- [ Amelia ] ¡ Basta ya!

Gritó Amelia con aquellos hábitos que mas que novicia pareciera una guerrera por el grito que dio.

- [ Amelia ] ¡ Os comportáis como críos, como niños malcriados, Alonso, por el amor de Dios, envaina la espada por lo que mas quieras por favor
.
Se dirigió hacia Alonso desesperadamente para que no cometiera una locura.

- [ Amelia ] Si queréis pegaros, iros a un gimnasio cuando acabe la misión, pero os recuerdo a ambos, que tenemos que impedir durante unos días, que Bellido Dolfos sea asesinado, ya sabemos que no es plato de buen gusto para los aquí presentes, así que por favor, dejaros de comportaros los dos como niños de colegio.

Julián, asustado y tumbado en el suelo y casi sin saber que decir, solo apreciaba a decir temblorosamente …

- [ Julián ] Lo siento Alonso, no sabía que el Cid fuera tan importante para ti, no era mi intención ofenderte con tales palabras.

Alonso, se levanto de encima de Julián y guardando su espada y de espaldas a Julián le dijo:

- [ Alonso ] En mis tiempos, todos crecíamos con la figura de Don Rodrigo, aunque sabíamos que una época no tenía nada que ver una con la otra, muchos nos inspirábamos en su figura para llegar a ser quienes llegamos a ser. El más grande de toda la cristiandad, aquel que más de uno pudo soñar con verle en persona y ahora …, mira lo que son las coincidencias, yo, un soldado de los tercios españoles voy a poder tenerle en frente mía, cara a cara.

Alonso montaba a caballo y Julián se quitaba el polvo de la sobrevesta que llevaba mientras se incorporaba nuevamente a su caballo. Debían de ponerse nuevamente en camino, pues aun tenían que llegar al cruce de caminos donde más o menos tenían calculado que encontrarían con las huestes de Don Rodrigo como dijo el Abad Dom Norberto.

Durante el camino, iban todos en silencio, cada uno en sus pensamientos, Amelia, pensando en lo que había pasado días atrás entre ella y Julián, Alonso pensando en que se iba a encontrar con el más grande héroe de la cristiandad, aquel que moros y cristianos se empeñaron en llamarle Señor Batallador.

Y así fue, a las pocas leguas, en un cruce de caminos, contemplaban como a la lejanía se acercaba una montaña de polvo, eran las huestes de Mio Cid, al llegar a la altura de la patrulla, Mio Cid, levanto el brazo en alto como mandando parar a toda su mesnada y al unísono, todos pararon, a su derecha, el gran Alvar Fañez, el primo del Cid, seguido de sus más fieles caballeros de compañía, Muño Gustioz, Martín Antolínez y Pero Bermudez entre otros.
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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Lun, 04 May 2015, 13:52

A la mañana siguiente y cuando el sol dejaba ver sus primeros rayos de luz por entre la espesura del bosque, la patrulla junto con Don Rodrigo y el resto de sus hombres, empezaban a despertarse poco a poco. La noche había sido tranquila, solo roto por el ululato ( ruido que hacen los búhos ) de los búhos que habían estado toda la noche observando el panorama que allí había.

A las pocas horas y después de todo el trajín que se organiza para desmontar un campamento para unos 100 hombres, la patrulla y a la cabeza Don Rodrigo Díaz de Vivar, con toda la comitiva se ponían de nuevo en camino hacia su destino.

Julián no dejaba de observar extrañado a Amelia mientras que esta procuraba no mirar a Julián por lo sucedido los días anteriores.

- [ Julián ] Amelia, no le des más vueltas, sucedió y punto, nadie lo iba buscando y menos yo, peor mira, las cosas han ocurrido y no hay que darle más vuelas.

- [ Amelia ] Tu lo ves fácil Julián pero te recuerdo de que época provengo yo, en mis tiempos esto sería impensable, yacer en la cama con un hombre viudo, válgame Dios.

Esto lo decía en voz baja y santiguándose en voz baja para no ser oídos por todos aquellos caballeros que estaban a su lado y que gracias a Dios, no escuchaban lo que ambos decían.

Mientras tanto, Alonso, fascinado por lo que estaba sucediendo, no dejaba de contemplar los gestos y palabras que decía el Cid en las conversaciones que tenía con sus hombres y en las que de alguna manera hacía participe a Alonso.

- [ Cid ] Enzo, contadme pues, que os contáis de aquellas tierras tan lejanas a estas. ¿Habéis participado en muchas batallas, como son aquellos lugares donde moran vuesas mercedes…, contadme algo más de vos?
Alonso, cogiendo aire y cogiendo bien las riendas del caballo con las manos comento.

- [ Alonso/Enzo] Mi buen señor, he participado en más de una batalla, en alguna he salido victorioso y en otras tantas derrotado pero siempre con la cabeza al frente, una derrota es simplemente una victoria mal preparada, porque ante todo, hay que salir al campo de batalla con la idea de que hay que vences.

- Provengo de una tierra, donde aún quedan vestigios de civilizaciones antiguas, zona de grandes prados y donde el agua que mana de las fuentes es tan cristalina, que a veces crees tener delante de ti a tu hermano gemelo, dándote cuenta de que lo que ves, no es más que un reflejo de ti mismo.
Muño Gustioz, asombrado ante tales palabras, expreso …

- [ Muño Gustioz ] Sabio se os ve buen hombre, seguid pues que os ha traído por estos lares aunque ya sabemos qué vais en compañía de vuestro amigo Vailant y de Doña Amelia al convento de Nuestra Señora María Clara.

- [ Alonso/Enzo ] Así es mi señor, va a ingresar a dicho convento, como así es expresa orden de su familia, esperemos que sea aceptada pues traemos documentos de recomendación.

Durante el camino, iban comentando y riendo sobre comentarios que se iban haciendo y diciendo. Pasaban por iglesias y campos devastados por la guerra, hasta que viendo que la noche se les echaba encima de nuevo, decidieron refugiarse en lo que apenas se mantenía en pie de un viejo monasterio, la puerta al monasterio apenas existía y aunque el techo apenas se mantenía en pie, si tenían la certeza de que al menos esa noche no se les vendría encima.

Se repartieron el trabajo como era costumbre, unos iban a por agua a un arroyo cercano, otros a por algo de leña para hacer fuego y el resto se disponía a montar un pequeño campamento donde dormir, mientras no más de cinco hombres se preparaban para montar la guardia de esa noche.

La noche ya se les había echado encima y mientras cenaban algo, un viejo hombre con unos trapos bastante roídos y tapándose casi en su totalidad su rostro, se acerco pidiendo algo de comer y algo de beber. Cuando los hombres vieron al hombre y observaron que ese hombre que se les acercaba tenía la lepra, huyeron despavoridos del lugar.

- [ Hombres del Cid ] ¡¡ Cuidado, un leproso, huid todos !!

Gritaron al ver como se les acercaba, y se iban de aquel lugar, Mío Cid, al verle, se levanto y con una parsimonia jamás vista antes, cogió un trozo de pan, un trozo de carne y una bota donde guardaba algo de agua, con algo de ropa que cogió de sus enseres lo metió en un zurrón y se lo acercó.
- [ Cid ] Tomad buen hombre, aquí tenéis algo de comer, cobijáos donde podáis y disponeos a pasad la noche por donde podáis, la noche se avecina con que será bastante fría y habréis de refugiaros, ahora os acercare algo de leña para que podáis calentaros y que vuestra noche no sea tan fría como seguramente hayan sido vuestras noches anteriores.

El leproso, con algo de miedo y observando lo que había sucedido agradeció tal gesto…,

- [ Leproso ] Gracias Don Rodrigo por tal gesto, pero no quiero ser una molestia para vuesas mercedes, solo quería algo de agua, pues apenas consigo moverme y aunque el rio no está ni muy lejos ni muy cerca de aquí, apenas mis pies pueden dar paso alguno.

El Cid, extrañado por haberle reconocido, pregunto.

- [ Cid ] ¿Como es que vos sabéis quien soy, si no soy nadie casi en estas tierras, solo soy el hombre de confianza del rey Sancho.

El leproso dándose la vuelta y agarrando fuertemente el zurrón que le había dado el Cid respondió.

- [ Leproso ] No hay hombre más valiente y tan generoso en Castilla que vos, que desobedeciendo las leyes, da libertad a hombres musulmanes y de algo de beber y cobijo a un leproso.

El leproso se encamino hacía un rincón del lugar donde se hallaban, malamente y agarrándose a una muleta que tenía y que apenas le hacía mantenerse en pie se refugio, a los pocos minutos, Julián y desobedeciendo las ordenes que le había dado Amelia de no acercarse al leproso, le llevo un buen puñado de leña con algo de leña.

Al acercarse Julián al leproso se sorprendió que al contemplar el rostro malamente de este, se dio cuenta de que era el abad Dom Roberto con un poco de maquillaje mal puesto.
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Re: CAPITULO 11. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Mar, 12 May 2015, 12:51

Cual fue la sorpresa de Julián al ver que tras ese trozo de tela que escondía parcialmente el rostro del leproso se escondía ni más ni menos que el Abad Dom Norberto camuflado con algo de maquillaje.

- [ Julián ] Ostias, ¿Qué hacéis aquí?

Pregunto Julián con voz baja y cara de sorpresa, Dom Norberto, en un gesto de complicidad le guiño un ojo y sacando de entre unos harapos sucios y destartalados, saco una cruz de no más de una cuarta de larga y de madera.

- [ Norberto ] Tomad, se me olvido dárosla cuando nos despedimos, dentro hay una llave que son de la cerradura de una vieja iglesia que esta a las afueras de Zamora, la iglesia está en ruinas y con el techo parcialmente caído, le falta también parte del ábside, está cerrada.

Detrás de lo que aún queda en pie del retablo, existe una puerta, la misma llave que abre la iglesia, abre esa puerta, no es que sea el hotel Ritz, pero os servirá para estar cómodos y allí dispondréis de algo de ropa y camas. No os preocupéis, la gente no va por allí porque creen que esta endemoniada.

Julián, que aun no salía de su asombro, acepto de buen agrado la cruz y se la colgó en el cuello tapándola bajo la loriga que cubría parte de de la sobrevesta.

Alonso/Enzo, al ver a Julián al lado del leproso le grito …

- [ Alonso ] Vailant ¿Qué hacéis ahí al lado de ese pobre leproso que apenas se mantiene en pie ?, salid de ahí por lo que más queráis, ¿No os dais cuenta de que es un leproso y que os puede pegar la lepra? Esta noche dormiréis fuera, no vaya a ser que nos vayáis a pegar esa enfermedad del demonio.

- [ Julián/Vailant ] Tranquilo Enzo, que solo pretendía ofrecer un poco de fuego a este hombre ara que su noche, tal vez la última noche de su vida, no sea tan fría y le sea más llevadera, no sabemos cuánto le queda a este pobre hombre de vida.

Grito Vailant/Alonso mientras se levantaba apoyándose en el pomo de su espada. Así fue como Vailant, esa misma noche durmió a la intemperie cobijándose en un pequeño hueco en la pared y abrigándose con una manta que llevaba consigo mismo.

A la mañana siguiente, cuál fue su sorpresa que al levantarse no quedaba ni rastro del leproso y apenas quedaban restos de la hoguera por la cual, esa misma noche, el leproso se había calentado gracias a la ayuda de Julián. Ni la guardia sabía nada cuando les preguntaron por donde se había ido, ni a qué hora se podría haber ido.

Después de alimentar a los animales y de ensillarlos, comieron algo para emprender de nuevo su camino. El día se había levantado algo gris, pequeños claros, pero muy pequeños se dejaban entrever, pero no apetecían al optimismo de que hiciera sol, sino más bien todo lo contario, que pronto se iría tornando en un grisáceo – oscuro como si fuera a descargar una buena tormenta.

Emprendiendo de nuevo el camino, iban pasando por olivares donde las olivas ya empezaban a ir despuntando en donde poco más de un mes y medio estarían aptos para la recogida.

A Julián, todo esto le venía a la memoria de sus años de niño cuando se juntaba con la familia en la baja Extremadura, la zona sur de Badajoz y donde toda la familia iba a recoger la aceituna y como se ponían tibios a calderetas todo ello acompañado de un buen vino sin aguar para los adultos y limonada para los niños, todo ello amenizado con canciones donde el abuelo de Julián era el que solía llevar la voz cantante a la hora de cantar.

Al llegar al término de Baltanas, se encontraron con una vieja ermita, llamada de San Pedro, eso se sabía porque uno de los oficiales de Don Rodrigo había pasado sus mocendades allí. Un cruce de caminos se divisaba a pocos metros de allí, Quintanilla de Abajo hacia la izquierda y Baltanas de frente.

- [ El Cid ] Vuesas mercedes, me temo que aquí en este cruce se separan nuestros caminos.

Contesto el Cid haciendo parar a Babieca al mismo tiempo que se paraba todo el séquito que iba con ellos.

- [ El Cid ] Zamora esta a cuatro o cinco días, no más de cinco tal vez, es difícil que os perdáis si seguís en línea recta.

Alonso se bajo del caballo para poder pisar suelo firme pues estaba ya algo cansado de ir tanto tiempo sentado y sus posaderas ya empezaban a pasarle factura.
- [ Alonso ] ¿Hacía donde va vuesa merced mi señor Don Rodrigo?
Pregunto Alonso acariciando la cabeza de la majestuosa Babieca.

- [ El Cid ] Vamos hacia Quintanilla de Onésimo, mi señor y soberano, el rey Sancho, nos manda allí para confirmar unos documentos de suma importancia y acudo en su nombre.

Contesto el caballero de Vivar mirando hacia el horizonte de donde debían de ir.
- [ Julián ] Que tenga buen camino Mío Cid el de Vivar y que Dios todopoderoso le aguarde ante tan importante empresa.

Contesto Julián al tiempo que agarraba las cinchas de su yegua mientras que se iban despidiendo del Cid y de toda la mesnada que le acompañaba.

( Continuara ) ....
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Re: FANFIC. La muerte es ..., lo que es.

Mensajepor CID » Sab, 16 May 2015, 13:58

Llegaron al poco tiempo a Baltanas y viendo la hora que era, decidieron descansar durante unas horas, pues aunque iban sobrados de tiempo, no querían demorarse mucho y mas siendo forasteros de aquellas tierras.

- [ Alonso ] Julián, como habéis sido tan osado al juntos con aquel leproso que estuvo hace unos días en el viejo monasterio donde pasamos la noche?
Pregunto Alonso algo enfadado y sin saber la que le venia encima.

- [ Julián ] Ja,ja,ja, ese leproso tiene de lepra lo que cualquiera de los tres que aquí nos hallamos tenemos de marques o de reyes, o sea nada.

Se rio Julián con esa risa tan característica que tenía él. Amelia, con de asombro, pregunto ante esa risa de Julián:

- [ Amelia ] ¿De qué os reis Julián?.

- [ Julián ] Ese leproso, era Dom Norberto disfrazado, y vino disfrazado para no levantar sospechas y traernos las llaves de una vieja iglesia que usa el ministerio como si se tratase de una especie de refugio, la iglesia, para que la gente no sospeche, la tienen como embrujada o maldecida, de esta manera nadie se atreve a adentrarse allí. Por lo visto el ministerio y compañía nos tienen guardadas unas cuantas sorpresas por lo que se esta viendo.

Comentaba Julián mientras miraba tanto a Amelia como a Alonso. Alonso y Amelia no daban crédito de lo que estaban escuchando por boca de Julián. Al poco rato de estar charlando y caminando poco a poco a Julián se le ocurrió la idea de buscar una posada.

- [ Julián ] Siendo las horas que son, creo que deberíamos de ir buscando una posada para al menos pasar esta noche y mañana emprender de nuevo el camino hacia tierra de Doña Urraca, cenaremos algo y tanto Alonso como yo, iremos a dar un paseo como caballeros que somos, mientras tu Amelia, te deberías de dirigir a alguna iglesia ha rezar algunas oraciones, para no levantar sospechas.

Comentaba Julián mientras mesaba ( acariciaba ) su barba que se había dejado crecer un poco más. Al poco tiempo, encontraron una posada que estaba nada mas entrar al pueblo, pasando por una de las puertas que habia en la muralla, en el camino que va desde la iglesia de San Ginés hacia el cementerio.

- [ Alonso ] Buenas noches posadero, nos gustaría saber si hay habitaciones libres para estas almas candidas que buscan algo de paz y tranquilidad al menos por esta noche, la noche se avecina algo fría y llevamos varios días de camino.

El posadero miro a los tres y viendo que dos eran caballeros con pinta de tener buenos dineros y la mujer era novicia, se froto las manos y comento.

- [ Posadero ] Si mis señores, tenemos tres habitaciones libres. ¿a nombre de quien las reservo?.

Pregunto el posadero frotándose las manos, no sé si por el frio que hacía o porque se les veía con cara de tener buenos dineros. Alonso, que era un caballero curtido en este tipo de situaciones, saco un pequeño saco con varias monedas de plata y las puso encima de la encimera desde donde despachaba el posadero.

- [ Alonso ] Reserve las habitaciones a nombre de Vailant, Enzo y Amelia. ¿Hay suficiente monedas para que nadie nos moleste esta noche y podamos cenar tranquilamente? Venimos de muy lejos, muchas leguas de viaje y necesitamos descansar tanto nosotros como nuestros caballos, para emprender mañana de nuevo el camino.

Comento Alonso mientras dejaba caer las monedas de plata entre las manos del posadero y al mismo tiempo que hacia un recorrido con su mirada por donde le alcanzaba la mirada. El posadero, al ver las monedas comento.

- [ Posadero ] Con estas monedas tienen para pasar esta noche y todas las de esta semana viviendo a cuerpo de marqueses, supongo que querrán que alimenten a sus caballos, que con gusto serán bien servidos de una buena cama en los establos y de alimento y agua.

- [ Julián ] No queremos estar toda la semana, solamente esta noche y saciarnos de comer, pues en otros sitios en los que hemos estado, comer, comer, lo que se dice comer, como que no.

Comento esta vez Julián adelantándose a Alonso en ese plan bromista que era frecuente en él. Ya estando hospedados, cada uno en sus aposentos, decidieron lavarse un poco para quitarse el sudor y el polvo que habían recogido en el camino.

Julián que no estaba acostumbrado a llevar esas vestimentas se las vio algo putas para quitarse algunas piezas de la armadura, Alonso en cambio no tuvo problemas, porque aunque en su época ya no se usaban las armaduras, si usaba alguna que otra pieza cuando tuvo que vestir de gala, como en alguna ocasión esporádica.

Amelia solo era cuestión de cambiarse los hábitos y nada más. Al poco tiempo quedaron para dar un paso por el pequeño pueblo para ir haciendo tiempo antes de ir a cenar.

Mientras tanto, en las oficinas del Ministerio, estaban charlando sobre como les estaría hiendo la misión a la patrulla.

- [ Salvador ] ¿ Sabemos algo sobre la patrulla en la misión que los hemos mandado al siglo XI ?

Peguntaba Salvador a Irene y a Ernesto.

- [ Irene ] No jefe, pero ya que lo pregunta los llamare ahora mismo.
Comento Irene al mismo tiempo que cogía su teléfono que estaba encima de la mesa…, a los pocos segundos ya estaba llamando al siglo XI desde el siglo XXI.

- [ Alonso ] ¿ Digame. ?

Pregunto Alonso al teléfono sin acostumbrarse aun a esos inventos modernos del siglo XXI.

- [ Irene ] Alonso, ¿ Cómo lleváis la misión, habéis llegado ya a Zamora o estáis aun en camino ?

Pregunto Irene extrañándose de que fuera Alonso y no Julián quien cogiera el teléfono.

- [ Alonso ] ¿La misión? Bien, estamos en Baltanas, en la posada de El cojo, en la cual esta noche descansaremos para salir mañana al alba.

( Continuara ..... )
Heridlos, caballeros, por amor del criador , yo soy Ruy Diaz, el Cid Campeador de Biuar.


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